domingo, 25 de enero de 2015

Esa sombra es una trampa que permanece



En ti dentro fluye mi boca, brillante y reluciente; por eso, noche: sonrisa de la sombra. Esa sombra es una trampa que permanece, en tus brazos se viste. Y su hambre sobre tu cuerpo tiende. Mis brazos entonces te visten, ponen su carne de alimento a tu esperanza devorada. Devoran tus ojos el vacío de la muerte, el duro vértigo del hueso, la voracidad del hambre. Paras la luz que entra por los huecos de la carne. Los jugos se secan, absorbidos. Los ojos se derriten. El vacío llena al vacío. Y después, silencio. El silencio cruje. Piel resquebrajada, ausencia de grasa en el mundo del silencio. Extravío, grito, negación. Fruto de la negación, semilla hueca. Allí, sola, la ausencia del mundo. Ya sin nombre, te busco. Tú, de cuerpo abierta, los ojos caídos, aún esperas. Y el mundo no está: desaparece en tus pasos de sombras.

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