sábado, 17 de enero de 2015

Ambos la nariz del insomnio toman


Que al llanto llamas con todo el dolor disponible, Que al corazón lloro, Que el dolor me incita, Que la razón nada puede. Corre la guía como una pena, extremados los ojos, pendiente el castigo, guiada la seda de la araña nueva. Corre las trenzas de la envidia nueva, serena, encendida, imprudente. Corre el tiempo infrecuente, quitando olvido de la herida, polvo de ángel lastimero. Me induces estas manos. Me tomas el proceder de los brazos. Me consumes como ninguna. Ahora sí me introduces con tus manos sutiles en este mi pecho ardiente. Fui por ti del despertar privado, hora tras hora, de la esperanza que se confirma y se desmiente, del albergue, de la cama, de la sopa de noche. Y me toma en frío el cuerpo despierto, cae sobre la piel dulce, tendido su sumiso dolor sobre la piel inmóvil. Dulce sitio: el reflejo de la pequeña ventana cuadrada toma cama como una mirada de noche. No hay sueños sino terror. Manta sucia piojosa. Almohada de muchas caras. Orinal de olor caliente. Cae una gota al suelo. La madera la absorbe. Salen restos de resina. Ambos la nariz del insomnio toman.

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