domingo, 15 de septiembre de 2013

En esa tu líquida transparencia sin freno, dulce medusa, miras mi deseo


En las llegadas perdidas.
El límite de tu mirada.
Tras un rostro duerme lo oculto.
El tango de las cerezas.
En el ombligo de la tristeza.
La angustia rueda por las venas como si fueran un precipicio.
De vez en cuando me hago sangrías en el deseo.
Tengo múltiples gritos para la noche.
Nadie escuchó al sol gritar aquella noche.
En esa tu líquida transparencia sin freno, dulce medusa, miras mi deseo.

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