miércoles, 15 de junio de 2016

Dónde vas con esa sonrisa parte truenos

La vida sin dejar pruebas deja rastros. ¡Qué digo! Una contradicción más. Esta no es culpa de la razón, sino de la vida. No es error de cálculo, sino cálculo de la realidad. ¡Pero qué hago yo aquí hablando de razón y no de amor! Es, sin duda, culpa de la locura que me produces, de la tuya por amarme. Dónde vas con esa sonrisa parte truenos, con esas manos de agua, con esos pies de arena. Ya te estaba mirando cuando venías entre árboles y el jardín más cercano, mientras yo perdía la cabeza con descuido. Me estaba cambiando de ojos para verte. Estaba recogiendo las hojas del libro, de este que presenta las ideas como si fueran verdades. Menos mal que no me conociste antes: puesto que antes era aún peor. Llevaba las greñas del tiempo, poca cabeza y mucha estima. Volaba la imaginación sin trabas. Aunque, tal vez, ya entonces, buscaba, sin saberlo tu mirada.