domingo, 31 de mayo de 2015

Y luego tus manos para ser noche.


En ninguna parte el aire como aquí se corrompe. Y la ciudad desnuda. Y la entrada de tu boca. Y el haberte oído. En ninguna parte fuimos tan ávidos del cielo. Con tu nombre en mi boca. Con caricias claras. Y miro tu ombligo araña. Tu vida es una llave, señora de las alas. Extraños instantes de la noche donde fuimos. Y luego tus manos para ser noche.