domingo, 24 de mayo de 2015

Dueles como el dolor del veneno.


Que dueles como el dolor del veneno. Solo te pido tristeza... que aún no venga la muerte. [La cara extraña de tus ojos. El sitio de sus pestañas. El «cuelgue» de la luz caída. Y otra vez tu deseo me atormenta.] ¿Qué hacen los colores en tu cara? ¿Qué hacen los lados de tus labios? Allí lucen como tormentas. Espero a que amanezca. [Esas palabras desesperadas del destino. Tengo su nacimiento, su muerte, su calma.] Y en el fondo de la sangre, el uso del fuego. Mis manos, ofrecidas y quemadas. En ese «sueño-nieve» donde se producen las tormentas. Vivir contraído y caído, mordido por los sentimientos y la rabia; por intrusos oídos, oído; por orejas despiertas; en su estilo incansable de escucha. Aún perdura su charla en el ánimo del instante, en las palabras secas de su boca. Aún los coágulos negros hacen gestos; aún se arrastran.