sábado, 9 de mayo de 2015

Y después de la sorpresa


Hasta que se sintió la luz. La luz colocaba las piezas de la vida, allá, al fondo, sin terminar, allá, como iniciales, como anticipos del reproche del vivo sufrimiento. Allá «lo vivo», «lo negado», de la muerte el anticipo. Allá la negación y el reproche, la vida sabida ciega. Allá los grandes períodos del retorno, las perpetuas reencarnaciones. Las niego, las afirmo, me salgo y entro, me mortifico. Me mortifico, como y ayuno, pienso que no existo; y después de la sorpresa, constato mi eterna existencia, cruel, dura, e insaciable.