viernes, 1 de mayo de 2015

Estabas en mí para desmentir la ausencia entre mis fragmentos


Efectos de humo: mi cuerpo en el calor de los sueños. Estabas en mí para desmentir la ausencia, en mis palabras como orgasmos inauditos. Entre mis fragmentos, entre las tormentas cerradas de las calles, detrás de la nostalgia veo correr el invierno. Veo correr a las personas como si fueran carne de fruta mojada. Nace la fruta como una amenaza. Voy a entrar en el sillón de la lluvia. La humedad está en trance. Evité tu recuerdo y huyes. Me sonaron las manos. Crucé las piernas ante tu huida. Me alejé del frío de tus muslos / y se hizo la lluvia. La lluvia «era mirada». Sigue lloviendo cristales rotos. Estoy seco de huesos. Tengo palabras en la pared pegadas / que escriben al otro lado del muro. Se escapan «los manzanos blancos», los tiempos muertos de la Muerte. Las muñecas sentadas en el suelo de los pasillos. El núcleo del amor como testigo. La esclavitud gigante. Era un testigo enfermo muerto de miedo, un testigo con ojos contagiosos... ante los ojos de la causa. ¡Eh ahí la nueva inocencia! La actividad de las cosas. El viento asimilado a la duda. El silencio del futuro: la certera duda, el imposible. ¡Pero qué nos importa el vértigo del velo! Fue fugaz ese gesto / de la combinación de las cosas. Caen trocitos de universo desorientados en la inmensidad del vacío. Re-vuelan las hojas muertas como ocurre en todas las primaveras. Algunas tardes «sucede la noche». Un mundo dispersado y múltiple. Un equilibrio del día. La recogida del suelo. Los actos dislocados alejándose. Una cama entre la vida y la muerte. Un perder la memoria. Un partir del otro lado. Un invisible amor y desconcierto. Para ver más allá de la arcilla se hizo la memoria. Vislumbramos las piedras de la noche más allá del lado de lo invisible.