Se había quemado el dolor

viernes, febrero 16, 2018

Astucia de tu boca y mi boca buscándose. Tú viajera. Yo elefante parado. Íbamos a beber nuestras condiciones al río de la vida, cuando no estaba seco. Teníamos el tiempo como intruso y sus treguas. Vivíamos indefensos entre sus garras. A veces, nos fugábamos frente a la Luna. Nos contábamos los nombres de los poemas. Y así creíamos en el amor. Teníamos recuerdos sin defensas, intemporales como la vida misma. Estábamos, a veces, mejilla con mejilla, frente con frente, absortos en la mirada. Se había quemado el dolor entre nuestras manos calientes. Nuestros ojos hacían viajes, vuelos del aire acortando las distancias. Era fuerte el recuerdo de nuestro pecho. Las distancias locas se suicidaban. Teníamos en los cajones abrazos como para calentar todos los días que nos quedaban.

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