A tu vida a tu silencio al mañana. De mi amor, única. Te guardo todas mis intenciones para nombrarlas, en tu espacio nublado se cruzan. Y nuestra parte de amor y miedo , perdida y atravesada, tú, triste. . ...
Hoy es el nudo del mundo. Ayer fue el olor. Ya ni me habla el recuerdo. Palabra, a ti te resisto. Ayer te hice única. Ayer antes de nuestro encuentro. De haberte sabido sería silencio. Mañana, única intención tengo. Y todo el silencio. . ...
Días de porqués enteros con la sola mirada de cristal. Ella pintaba atrapada en sus largas manos los muros como caminos. Su amor se tumbó lejos. Fuimos un signo incurable, una pasión y un no puedo. Diminutos y grandes como agujeros. Las calles se agrandaban como si fuera en un sueño. La perdida fue cerrando los ojos como un río fluorescente. Huían los...
Definitivamente naciste como un diseño, como una colisión, como el que pinta los días y luego los destruye. Te tomaba a pequeñas dosis y naciste convaleciente como la vida en sí misma prolongada. Definitivamente duraste más que la carne. Te tomaba a gritos de colores, a sueños, a gritos, a días pequeños, con manos de cristal, pintada, atrapada, y tú, que tantos porqués...
Tu maná hecho cuerpo cayendo como modelo de la carne. Con tus solas manos, propias de mi calle. Mi calle tiene una herida: la tuya, aquella que me dejaste. Tu herida pinta un viaje: por tus colisiones, tus rasgos, tus pinceladas estallan. La calle tuvo una herida. Insistía una herida limpia hasta que murió en sueños. Sueños de cama y otros cuentos. Pintura...
En cada color, en cada lectura, vi tu ancestral metamorfosis. Ese fue el color de tu mirada, tu retrato. Vertía yo visiones de carne y de dolor en tu agitada biografía. Fui efigie de cristal, el cráneo de tu existencia. Fui tu cuerpo privilegiado. Y esos pies y esos ojos temblaban. Fui marcha del reloj y obstáculo. Te redondeas como un animal que...
Hazme, iniciando tu silencio, como un ritual nuevo que se pierde en tus ojos. De tu existencia, prodigio, fábula salada. Y más allá del mar evidente, tú, manifiesta. Tú, lluvia desorientada. En ti lluvia y naranjo; naranjo e invierno. Cuando llovía bajé a verte en aquel cobertizo, a verte como se ve una tormenta. Caía agua fuerte. Calla. Escucha. Fugaz como un pez, destellas....
¿Para qué deshacer lo que existe? Por ejemplo, ese gesto. Para que me alcance a creer. Ya sabes: tarda el amanecer, alguna vez fugaz como un gesto japonés. Como un gesto de amor contado. Una foto amarilla ahora acaba, se rompe en el riesgo de un recuerdo. Termita es una gota de papel, un mar de mujer, una mezcla de ti, un tú...
Ella iba, lo sé, desconocida. Ella iba y me detuve en su puerta. Ella en su habitación, dentro. Su habitación es una puerta. Ella dentro; yo, fuera. Sola. Solo. Y ambos mirando. Ella iba; yo, ciudad. Ella, casa; yo, nadie. Ella hablaba con los peldaños. Yo, su escalera. Ella, puerta. Yo, puerta. Y todos aquellos que veía sus pies la recordaban. Me suenan...
¿Por qué no encuentras mi mirada? Nunca la encuentras colgada en el Tiempo, antigua, perdida, manipulada. La perdí en tus círculos, en tus círculos de piedra. Alrededor veo caerse un grieta futura, deshojada como ruina; esa tinta de temporada, toda brasa vigilante como un tumulto pleno, en el borde de tu cuerpo, detenido y seco. Crece y crece como un cultivo descarado, como...
Ya sabes como recortar la memoria. Ya sabes como son las borrascas del olvido. Allí estoy encerrado, crecido como la memoria. Ya voy a secas, con la raíz hueca. Ella salió del amor de las mariposas negras. Le gustaban las margaritas y mi cuerpo de barro. En el cuadro de tu boca, en los árboles negros, en una foto desprendida, el búho aclara...
Así como borrada, Sí. Como si fueras una boca sola, exterior y franca; como un amor oscuro, aislada. Como los niños, naces de la mariposa. Supongo, siempre desde ti, supongo. Y no me queda otra que imaginarte. Solo sé la certeza de tu cuerpo; incierta y dudosa. Fantasía extrema. Tan grande te extrañé, tan grande de no saberte. Urgente a cada instante. Enajenada...
Esta cara extraña de tus ojos en su sitio donde tus pestañas cuelgan como farolillos, hacen colores hacia ambos lados se dejan caer sobre los labios. Allí lucen en tu deseo; en tu boca, hay tormenta. Te encontré y esperabas que amanezca para aclarar la voz de las palabras, en mi boca, desesperadas. Y tengo la calma de nuestro Destino. Calma seca, calma...
Que el amor en ti me arroja todavía hoy después del tiempo, aún peor: después de nada. Porque somos heridos, por los lados que tengo. Este desgarro es tu ausencia, ninguna y nueva, mano que se encuentra en los huecos que caen y penetran desviados de los suspiros de las noches-lágrimas. Estas quejas obstinadas de tiempo perdido, mil veces en manos muertas, dispuestas...