sábado, 10 de diciembre de 2016

Tuve que llamar a la lluvia y rezar

Pensabas que yo era una ilusión de las sombras de los espejismos de los espejos. Tuve que tomar tu mano y tu boca para confundir la diferencia y hacerte real el amor. Tuve que llamar a la lluvia con la danza de nuestros cuerpos, desnudos y vivos, para que el cielo se cubriera de vida; y rezar fuertemente en el interior de la oración.