martes, 6 de diciembre de 2016

Mar ciego sin cabezas

Ahora que somos culpa y distancia, ahora manos intratables, ahora, el roce, es roce de las cosas. Tomaste mi lengua de las luces de tu nombre. Las cuentas de la mesa sabían a gajos de naranja. Había tanta mala memoria en aquel lugar que las mariposas se hicieron silenciosas. Eran claras y raras las letras del alfabeto. Pedían los laberintos habitantes, todos ciegos. Se encontraban los ojos en los bolsillos con gran dificultad; ojos de querida envidia: mar ciego sin cabezas.