jueves, 29 de diciembre de 2016

Tomaba tu voz y la convertía en olor

Tu desconfianza hizo memoria. Empezaba por tus manos. Seguía para adentro implantándose. Tomaba tu voz y la convertía en olor. Y luego explotaba como una divina presencia. ¿Qué hago con su trágica memoria? ¿Qué hago con tu alma rezagada? Tu desconfianza se volvió tacto, cómplice mensajero del error. Se hizo noche gruesa, un siempre desgraciado, un te amo empobrecido, presencia de tu soledad secreta.