domingo, 8 de noviembre de 2015

Yaces en el aire del olvido

Desencajo la mirada porque no me queda otra. Desencajo el tiempo. Desencajo tus labios percibidos. Yaces en el aire del olvido. Con tu vientre seco hago un fruto: el fruto de las hojas que te escribo. Levanto la mentira; quito el polvo de debajo; pongo la hoja en su sitio y sigo escribiéndote en este testarudo invento. Tomo la felicidad confiada; se me derrumba un gesto; rehecho el mar, viajo. Cumplo con el viaje. Me hago una callejuela de estrellas. Sube una nube redonda que es la Luna. Sabes a lejana y sola, como decía aquel poeta que no conozco.