martes, 2 de agosto de 2016

Tomo tus pupilas en mi silencio

Brumas de punta a punta de tus ojos. Y yo pensando, me empujas. Miraba obediente tu pasado y vi tu boca. Decidí, entonces, quedarme en tu futuro. Decidí, entonces, quedarme en el blanco de tus ojos, en su instante. No podía quedarme con tus recuerdos, lo reconozco. Tus recuerdos donde yo no estaba son como voces; y me empujan como una calumnia. ¡Qué le voy a hacer si no puedo verte más allá de mis manos! La duda, la duda, de no haber antes de ti existido. Tomo tus pupilas en mi silencio para consolarme. Ahí permanezco como un futuro. Ahí me decido entero. Tomo tu piel como auxilio y pido a Dios que no desaparezcas. Tu presencia ya cumplida en estas grietas. Y yo, sospechoso, lloro como un niño inexperto.