domingo, 21 de agosto de 2016

Pues en nuestro amor, como el mar, teníamos puntos ciegos

Practicábamos cantos y danzas hasta que la vida se quitaba el vestido de luto y duelo.Nos enterrábamos de modo imperativo en nuestra cama las noches enteras de la muerte ante esta vida que nos ponía como barreras el espacio. Y fuimos felices en el sudor y la carne. Pues, tú y yo, al igual que las puertas de Troya, teníamos puntos ciegos, como islas enamoradas que no ven el mar.