miércoles, 3 de febrero de 2016

Cuando no estás la mirada empuja hacia la nada

Cuando no estás la mirada empuja hacia la nada. En la tierra de besarte ríe la lluvia de nuestra cama como horas que pasan en relámpago. Ese viejo mar acaba en el silencio inmutable de la arena abrumado por disparos estelares. Supongo, amor, que esto es el infinito, el instinto perpetuo del insecto, la sostenida existencia de tu ropa. Vengo a decirte, en la red de tus ojos, que te quiero y amo en el loco libertinaje de esta vida regalada, secreta y abierta, triunfante y muerta, amor e infierno del ignorante reposo.