jueves, 11 de febrero de 2016

Solo e inhabitado, despojo de mis horas

¡Hola! Le digo a tus manos como un sollozo que hace comienzo, como esa vieja ventana que te recuerda. Te creí diluida, noche y transpuesta. Pero el desorden del universo me advirtió del ruido de tu vestido que en algún lugar de los muebles habitaba. Te creí diluida y constante mientras las noches blancas de tus piernas hacían playa de carne entre mis sábanas. Oye, amor, me haces memoria y recuerdo, santo brillo de la ausencia. Me haces del dolor arena, negra y desolada. En esta tierra donde arrastro mi cuerpo, y solo e inhabitado, despojo de mis horas.