lunes, 16 de abril de 2012

Las ciudades de las mareas

Sale de un huevo de nido
la cabeza ciega
por encima del borde de ramas cortadas.
Ni anda ni vuela
Una escalera con paraguas de madera labrada
sobre los bancos y cabezas
por encima de los cuales
vuelan las palabras salvadoras
Al fondo, el infinito sujetado por la pared
redondeada para contener sus aristas
Las columnas se estiran
para alcanzar las ventanas
del techo y su luz.
Aunque seguirán siendo columnas de mármol
Canta el infinito canciones sin fin
puntuadas de vez en cuando por points d'orgue
sin recuperar la respiración


La vieja ciudad se inunda con silencio de agua.
Rebozan las ventanas, los balcones llueven,
las paredes como playas blancas verticales
Pasa el río sobre los sillones en forma de cascadas
Forman las farolas hilera de árboles
dentro del río de la calle inundada
Y se fue la luz de las turbinas que nadie mantiene
Se desgastaron los embalses
de cemento formando pantanos
podredumbre entre las montañas
Ya no hay nadie para beber
Ya no hay nadie para beber ni agua ni aire.
Estarán buscando agujeros en las montañas
Miran los tejados con sus chimeneas muertas
Miran los tejados con sus chimeneas muertas. Miran las calles
con cruces sin dirección. Miran sin interés la debacle
Los perros aúllan sobre los tejados inundados
Miran a sus dueños de viejo monte,
suspiran encuentros
Suben las mareas por las calles y tardes.
Grita el mar al conocer los fondos de las ciudades
Todos los cementerios marinos recitarán epitafios