domingo, 8 de abril de 2012

Las bicicletas son para dejarlas a la sombra

Tumbábamos las bicicletas bajo la sombra de aquel árbol
con cuidado de que los pedales no rompiesen los radios.
Torcíamos el manillar para apoyarlo en la tierra.
Y los faros se miraban...

Las gomas de las ruedas estaban como gastadas
por los chinos de los caminos;
rueda sobre rueda, tomaban sombra sobre sombra.

Pasaban las tres y los campos cantaban.
Un leve viento movió una de las ruedas traseras;
se oyó el piñón con sus bolas de acero
dentro enfiladas haciendo juego.
La goma del sillín olía recalentada:
Ya estaba un poco torcida
por el uso y los paseos.

Las bicicletas son para dejarlas a la sombra y allí amarse.
Amor de bicicletas enamoradas a la sombra de un árbol