jueves, 1 de octubre de 2015

Y ahora que me duelen hasta las puertas, dime tu nombre que se me ha hecho piedra.

Me quitas el encierro. Las palabras son agua. El tiempo extraño. Tu mano que llevo dentro. Tu mezcla. Ahora aparecen las hojas como meandros. Ahora duelen hasta las puertas, hasta la dura espera de seda. Empuño la palabra, la pongo en tu boca como mensajera. Seré breve y confuso, tintero de horrible apariencia; condenado al instante de estar muerto. Ya ves los motivos del olvido, los “perdones”, las causas. Dime tu nombre que se me ha hecho piedra.