martes, 27 de octubre de 2015

Desnudo como un noctámbulo, siempre a medianoche

Desnudo como un noctámbulo, siempre a medianoche, y recuerdas que fuimos desamparo. De segunda mano nos fue la vida. Necesitábamos otro poema; así fue como cogiste el suelo de tierra e hiciste la vida, la nuestra, la entera del mundo en el que vivíamos. Fue tu retrato una autobiografía. Con el desprecio que infligíamos al aire hicimos el cielo como una luminosa sombra. Reinaba el ensueño en nuestras palabras, estas que aquí cada día te digo. Nací en tu lado enigmático. Procedente de una familia del látigo, la vida nos hizo marcas, hondas marcas de cicatrices verdaderas. Vives en el suelo de los poetas; sí, así; así como si nada; con una leve sonrisa de niño bueno menos cuando te enfadas, y entonces el mundo sabe a azufre de los mil demonios desconocidos. Fuiste la fe en el amor del poeta, de esos que te cantan bailando al son de tus deseos. Será que en tu prodigio hay aire... que ellos ven y respiran... sus sonetos cantan, sus ojos beben, sus estrofas enredan,... ¡Qué diré yo pues!... si eres blanca y negra, del aire prodigio. París vive ahora en la sombra, en la sombra del “te has ido”.