miércoles, 24 de septiembre de 2014

Porque los campos huelen a soledad


Sin mirarnos. Entre dos secretos me empujas con palabras. Me suenan como olas de río plano. Me aburría, me mareaba, dormido en tus sueños. No sé qué esperas. Tampoco sé hacerme campo; porque los campos huelen a soledad. No se me ocurrió ser mar. Quise ser aire. Imité alguna vez al fruto. Y esperé subido en un árbol. Los primeros extrañados fueron los pájaros. Los pájaros de aire se balanceaban, me amenazaban con más soledad de ramas. Me tocaban los pies como una flota de barcos, siempre, siempre fascinados por mis zapatos. Y ya éramos tumulto.

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