domingo, 21 de septiembre de 2014

El otoño es una grieta por la que cae el dolor



Léeme el deseo con la sonrisa que muerde en la boca del tiempo a la hora en la que caen las manos. El otoño es una grieta por la que cae el dolor con una caricia dentro. Entre dos paréntesis, al pensar en ti me duelen los labios. En este intolerante miedo, en esta pérdida que nos convierte en el invento de las sombras, escribiendo sus sombras sobre los árboles. Imaginé cuatro trópicos, inventé la lluvia y un charco y una mirada, una cama, un cuarto. Un desgaste de la distancia, de la carne y del hueso. Aprendí a llorar; y no supiste que hacer con mis lágrimas. Inventé de nuevo el pasado y el azar de la vida con un mundo dentro. Inventé noches enteras, un ahora, un te amo, un barrido de la mirada, un lazo de pelo, una ciruela como un terremoto en las manos. Te amé como se ama la lluvia. Te amé de amor y suelo, como un antes de caer el tiempo. Y aquel día fue tormenta, una plaza, un tuve. Bajé de tu vientre una risa esporádica, un te amo sobre un momento, el sudor de nuestros cuerpos, un silencio; y una boca que habla con el sudor del silencio.

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