jueves, 27 de octubre de 2016

Sufre el poblado de los sueños

En la parte anciana de la avalancha las palabras se amargan, sin amor quedan. No temas a los círculos que nos ciernen. No temas al amor nómada y errante. No temas al corazón secuestrado. Te predice la noche. Te convierte en hereje de los desenamorados. Te miras y te quemas. Nuestra ropa arde en la hoguera de las pasiones. Mírame, dulce silencio. Háblame de lo probable. Muerde aquello que fuimos en la carne de antes. Perseverante y azul queda la noche. Sufre el poblado de los sueños, el águila los Andes.