Los puntos ciegos

jueves, julio 19, 2018

Se acaba por entender. Se comprende la inocencia. Lo había reconocido, y lo miró como quien mira a alguien familiar. Lo reconocía porque a veces pretendía que se lo tragara la tierra, así, literalmente, sin dejar rastro de su existencia, como si no hubiese nacido, ni molestado, ni sufrido, ni dolor. Pretendía también esconderse detrás de los espejos, de los cuadros, las cortinas, y en un balcón sin vistas, imitando aquel vagabundo europeo que recorrió América. Se le cambiaba la expresión de los ojos como si fuera de otro, para no estar allí donde estaba. Escogía siempre los puntos ciegos de las grandes mesas con el fin de ser visto por el mínimo de invitados. 

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