jueves, 3 de agosto de 2017

Anulada peregrina primavera

Arrastrabas mi esperanza con pesadas cadenas sobre la plaza pública.  Fuiste la bala encendida dentro de la carne. Quererte duele. Duele  como un morir roto, como una apuesta solitaria a la vida. Si tengo que morir que sea en tus fragmentos. Te los fui robando a cada dosis de amor, previendo este momento. Tengo fragmentos de tu pecho, fragmentos de tu rostro, de tu sexo, y restos de tu ávido corazón. Tengo la flor desnuda de la mandrágora, tus ojos abiertos, tu lengua y tu boca, y algo de suspiros. Dices por ahí que fuiste invisible, anulada peregrina primavera; y olvidas que fuiste todas mis noches, cabalgata de nuestros cuerpos abiertos. Fuiste mirada del amor abatido, jauría de los lazos del misterio. Destrozaron tu perros todos mis ojos, mis manos en los huesos, mi corazón hecho hierba.