domingo, 23 de marzo de 2014

Los perros de niebla son silencio mirando al exterior de la oscuridad




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Bailará de un negro humilde.

Es el propio olor de mi respiración.

El cuerpo se balanceaba dentro de su vestido como una lámpara.

Había una luz enorme ligeramente nublada.

Iba con su muda cabeza como pensando.

Me elevaba los ojos.

Sobre su cuerpo colgaban tiras de hombre.

Caminaba con la timidez de un pavo.

Suspiré un motivo.

Y tuve que subirme al cuello del caballo para bajar su orgullo.

Si yo existía como carne era ya inhallable.

He de introducir las uñas en los dedos.

Que el pianista se había vuelto tuerto de tanto mirar una sola tecla.

Convertiendo unos pequeños pájaros en matorrales salí al vuelo de la noche sin su permiso.

Para asegurar la noche que se avecinaba.

De los árboles colgaban las frutas y goteaban al suelo.

Corrí tanto que no pude detener el tiempo.

Sostenían el agua a cuatro manos.

Subiré la escalera hasta su habitación y allí me serviré de sus muebles.

Doy un paso nocturno.

Una niñita sostenía un cansancio.

Las piedras embalsamadas con regularidad.

Ruedas eran arrastradas por el tiro del tiempo.

En ese mosaico de la tranquilidad.

La gente pasaba por las cabezas como diminutos recuerdos.

El tiempo durará para aguantarnos.

Y todo estará muy lejos del viaje.


A menudo cambiaban el paraguas de sitio esperando la lluvia.

¿Cómo es de noche allí?

Ya corría el agua; ya se estiraba.

Al meterle mano fue cuando se dio cuenta de qué manera se había llenado el bolsillo de gente; estaban todos como en la cubierta de un barco.

Donde cada uno de sus dedos es una crápula.

Él, ese que inventó un mundo oculto, me lleva por vías estériles.

Entre dos manos penetran los ojos.

Con un gigante de pie abierto.

El tiempo nos está esperando casualmente.

También divisamos un allí.

Agita los brazos y se le mueve el corazón.

Nos volvemos contemplativos el resto del tiempo.

La cabeza más firme no tiene huesos.

Pero su mirada no se ve concentrada en sí misma; se ha perdido en el aire de la cara.

La hélice del instante empieza a funcionar de nuevo.

Hay abrazos que suben y que bajan.

Éste es su aparato: un largo silencio.

A que es cierto: dame las cuentas de tu vida.

En la dirección de todas las subidas.

Al fin y al cabo todos realizan un mundo para su provecho.

El suicida se acuchilla delante de nosotros.

Los canarios no recuerdan las jaulas.

El azar trae los trenes a la memoria.

Como cuando se pasa una aguja por el ojo.

Los ojos invalidos.

Un libro que yacía muerto a su lado.

Del campo volvían los ladrones.

Mi ceguera me hace velo.

Tuvo presente los pies de los cadáveres.

Se observó como unos monstruos internos observan a sus víctimas.

La mente se transformó en una cueva conteniendo todo el espacio.

Omnisciente del Tiempo.

Le cortaron la cabeza que le acababa de crecer.


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