Estropideces
se embuten la picada carne de nuestros cuerpos en un ciego recorrido grasiento colgado ante la sequedad del aire a la dévorant(e) mirada ofrecidos como numerosas islas colgantes rodeadas de aire cuyas sabrosas ondas prometedoras de prolongados manjares en su larga cadencia regulados del festín halago saneado(r) de la memoria del hambre