On ne peut pas frapper la propre ombre. Ni la sombra del otro. En formidable vértigo de vivir. Tiempos de pecho destrozado. De un lejano oscuro. Y yo, hondo confuso. Aunque entreabierto. Estancado y abrasado a mí mismo, mis brazos rodeando, en estrechos círculos, alrededor de mi cuerpo. Creo oídos para mejor escucharte. Embriaguez de los brazos y oídos. Mi cuello en danzas para pillar tu aire, tu pasaje, lozanía de tu estar. Despejas mis trozos rotos.
Senso, luego ex-isto como hipó/tesis.