En ese tono de voz imposible que siempre nos tomaba por la garganta y que tuvimos para contemplar. Allá, al fondo, los recuerdos. Allá sostuvieron nuestras cabezas el techo del mundo donde se junta la vida para demostrar que habíamos vivido. Era hora de cantar alto, en voz, alto, los ignífugos cantos que contuvo el corazón.