Mis brazos te recuerdan. Tu imagen aún me salpica en la cara como el fango de una tierra ausente. Se ahoga un socorro en el dolor y en los desechos del silencio. Ya sabes que tengo las lágrimas vueltas, borrados los espejos. Me niego a temblar. Me niego a todo lo que se desvanece. Me niego al golpe de lo que no ha sido.