El buen amor introduce en el desorden. Con sus arcas vencidas. Con sus pesares rotos. El buen amor se hace en fugas nocturnas, más allá de las fachadas, en campo abierto. Y era amanecer de plaza e iglesia, de torre blanca y cigüeña, donde tomábamos pasos hacia las promesas. “Te amo. Me amas seguro para siempre. En estos anillos se funden las palabras hechas de amor y futuro. Te amo. Me amas. Y solo la muerte del corazón separará nuestras bocas.”