Y me puse en las palabras de tus oídos. Es la lengua materna una lengua extranjera. En su desarticulada prosa. Precisa en sus juegos de tus manos. En el ritmo de los dedos. Sonidos mezclados con olor y movimiento. Joven cita de la sensual soledad. Refugio del óxido. Caía la decadencia de la noche exhausta y obscena. Sin despertar al sublime lenguaje. Eterna espera del brillo.