Estaban las manos escondidas en los rincones de la memoria. Ancianas gastadas por la humildad. Ermitañas, jardines secos, insuficientes y pocas. Prefiguraban futuros cristales fosilizados, brillantes como la nada, oscuridad del tiempo pasado bajo la hermosa tierra. Ayudaban a sostener el mundo, nerviosos pilares, ocultos y múltiples.