Desencajo la mirada porque no me queda otra. Desencajo el tiempo. Desencajo tus labios percibidos. Yaces en el aire del olvido. Con tu vientre seco hago un fruto: el fruto de las hojas que te escribo. Levanto la mentira; quito el polvo de debajo; pongo la hoja en su sitio y sigo escribiéndote en este testarudo invento. Tomo la felicidad confiada; se me derrumba un gesto; rehecho el mar, viajo. Cumplo con el viaje. Me hago una callejuela de estrellas. Sube una nube redonda que es la Luna. Sabes a lejana y sola, como decía aquel poeta que no conozco.