Demostraste, hasta al venir al mundo, clemencia admirable con éste otro que de ti hace cuento, teoría o poema. Creaste el otro hemisferio de la clemencia, la otra divina esquina, la última luz del día. Y vino el mundo con su misterio como la red de un libro abierto a darme al nacer aliento. Y vino alumbrado, a alegrarse, tanto se complacía en su estado. Vino el cambio que nace, el misterio, el cielo y su herencia, la verdad de la llave. Mas esto hoy me complacía, a sol dado, a natura, a alegría. La llamada de un suspiro se escribe en el rumor del amor dado. Se escribe como nombre en tu pecho, como algo dulce e inmediato.