Te tomo al ritmo del último viento cuando sale el tiempo desgranado de las raíces. De tu boca, sí; sacado de tu boca siempre distante, ese campo de siembra que es tu distancia, larga como para caerse los dedos. Gotea larga la distancia. Se me hace el silencio a letra como señales, como pan cotidiano, vencido, como piedra. Se me hace la distancia como laberinto, a río, a horizonte; a largo mes de agosto, a conocida mañana, a un apenas, y tú allí sentada. Se me hace somnolencia, y tú presa. A pliegue atrevido de viaje, a tardanza. Se me hace un recorrido concentrado, visual y atento, a luz empujada. Y este despiste de mar que llevo colgado del cuello, nube blanca de la espera, sello de tiempo, llegaba un poco tarde en un instante insultante.