Eran tantos presentimientos, recorridos de ojos, evocadores, áreas de los recuerdos, tantos barcos navegando libres por el alma, que parecías tormentas, huracanes, terremotos de viento y agua. Exclusivos de ti de mí. Embarcados sin remos. Semillas de lenguas. Carne de vapor. Y tocábamos cielo, sus puertas, ventanas y más puertas. Y subíamos a sus plantas. Nos perdíamos en sus naves. Volábamos de alas.