Se asombra el alma implorante cada vez que nace una flor. Hoy desconocida. Fuera de si hoy. Ya en el futuro. Ya se necesitan. Cae el amor en el rendido cuerpo a sus encantos cuando apenas florece. Mira de mirada originaria. Ve el lugar de la noche. No de las sombras, sino de la noche plena, febril y reluciente. Ve su lúcido fuego prendido de otra alma, allí donde gobierna el universo soberano.