Como cuando eras sonrisa, belleza y sonrisa. Amábamos aquellas noches precipitadas, con sus sorpresas y medias risas, como los que nunca van a morir. Retén del silencio. No procedía no escuchar aunque sí perdernos. Nos buscábamos detrás de las puertas, habitación por habitación, riendo de la desesperación de no encontrarnos. Tal vez en aquella casa presentí lo que sería perderte.