Tal vez sea yo. Tal vez no. Cuando me dices ni la tierra, ni el hombre creen ya en la esperanza, estoy ya desraizado, menos cuando tus labios se acercan y me dices que conociste a dos, sordos y mudos, que entre los naranjos escuchan Dios sabe el qué, ni se lo preguntábamos, por aquello del lenguaje de los equívocos signos.