En mi cuerpo, en tu cuerpo, pasillo que no conoces, se encarnan las palabras vírgenes. Cómo van a creer nuestra autenticidad, absoluta y marcada por el dolor, aquellos que nunca han sufrido. Si conocieran por un instante, al menos por un segundo, el tren que pasa con sus hierros sobre la carne, tal vez, y tal vez digo, sentirían un atisbo, como un rayo que pasa sobre la carne sin dejar cenizas, de los clavos crujiendo sobre la viva carne.