Tus ojos de la espera. Tu pérdida insaciable. Tu enardecida boca. En la convulsión del suelo. En tu cuello envenenado. Ahí grito del dolor del amor y de la muerte. El azar golpea a diestro y siniestro en nuestras vidas; en esta destrucción nos amábamos, en estos lazos decadentes. Y entonces, entonces despiadadamente nos suelta la vida. Nos deja con nuestro amor solos.