Esta es la pregunta dirigida al veneno. Huérfano, abatido, me grita el amor cuando caen las noches, teniendo el amor como nudo. Todos los centros son ceguera, salida presente. Y los que veían la existencia desplegándose en tu mirada, caerse, vivir y extenderse, esos, hicieron, de la monotonía del ruido, tu poesía borrosa. Y desde el fondo del desahogo, a veces, el ojo de la vida, sentado bajo el árbol de la existencia, abre su presencia y se despliega.