tu rostro es como un consejo
un festín celebrado, y yo convaleciente
dormía en él,
como en el templo de la aurora,
me arrastraba hasta el espacio,
donde fluyen tus senderos,
y un lago veía correr,
despavorido entre los árboles,
oh, yo, tu esclavo,
semi-desnudo, me inclinaba ante ti como un sol vencido,