Cuando alcanzamos la colina "De los golpes perdidos", divisamos la columna de polvo que habíamos levantado sobre el camino. Sonreíste, sonreí; con ese aire de jóvenes satisfechos por el camino recorrido. Era hora de comer en silencio. Nos pusimos a la sombra. El sol caía más allá; cada vez más lejos.